EL NUMERO KAIFMAN

Oportunista, pero democrático blog, para hablar de esta novela sobre una conspiración ancestral que puede cambiar el destino de la humanidad... al menos según el tagline de la editorial.

martes, noviembre 28, 2006

DELETED SCENE: ATENTADO EN EL PARQUE ARAUCO




Esta era la versión original del capítulo de la bomba en el Parque Arauco. Fue cambiado por sugerencia de los lectores de la editorial, que opinaron que era demasiado largo y había un abuso de personajes que después no volvieron a aparecer. Acá se los dejo, como acto de curiosidad.
00:58:12
JUAN PABLO CADIZ buscó la mejor mesa, la más amplia y la que quedara más cerca de las cajas para evitar demoras, griteríos y desorden. Sus hijos se veían contentos y llenos de ganas. Pasaron todo el trayecto desde la casa al centro comercial hablando de cual combinación de combo iban a pedir. Coincidían en casi todo, menos en los postres. Los más chicos querían helado de vainilla, los mayores milk shake y de esos con salsas de chocolate, manjar o frambuesa que Juan Pablo Cádiz no tenía idea porque alguien había bautizado como sundays. Cada vez nos parecemos más a Miami, pensó, y los postres tienen mucha de esa culpa. Pero los chicos amaban el McDonald y eso era lo importante, sobre todo cuando tras la comida se viera frente al momento, lugar y la hora largamente demorada en que debía comunicarles que ese domingo iba a ser el último domingo de papá en casa. Que era lo mejor para todos, que siempre los iba a querer, pero que a veces así eran las cosas entre la gente grande. Rogaba porque lo entendieran, porque no lloraran, porque no pasaran de la alegría y los chistes al enojo. De saber la historia completa, los detalles que no era necesario recalcar, lo odiarían. Juan Pablo Cádiz, en el lugar de sus hijos, sobre todo en el de Rodrigo, el mayor, se odiaría.


00:37:01
DESTESTABA ser el único de la familia en hablar bien inglés. Papá siempre le pedía favores como éste. “Muéstrales Santiago a los hermanos americanos, sírvele de interprete a tu madre, hazlo todo en nombre de Dios”. Tener diecisiete años y ser hijo del pastor rector del Instituto Teológico de la Iglesia Bautista de Chile era un peso que a Cristián Greenhill cada día le molestaba más. Hiciera lo que hiciera siempre iba a ser diferente del resto de sus amigos. No era una cuestión de diferencias de fe y religión, sino de un deber moral que no le correspondía. Los gringos llevaban una semana alojando en el Instituto. Vinieron a ofrecer cursos a pastores y a reunirse con unos curas católicos y líderes religiosos judíos. Una situación inusual de la que ni siquiera su padre entendía mucho. Largas sesiones que se extendían pasada la medianoche, mucha puerta cerrada, demasiado secreto de pasillo. Desde que tenía memoria se recordaba rodeado de pastores y reverendos de todas las congregaciones de la hermandad evangélica, pero nunca antes había visto que se les unieran sacerdotes católicos y miembros de la comunidad hebrea. Pasaba algo importante, de eso no había duda. Algo que hiciera lo que hiciera, preguntara como preguntara, su padre no iba a contarle. No porque no quisiera, sino porque, estaba seguro, tampoco él sabía mucho. De alguna forma la familia Greenhill Avendaño se había limitado a prestar las instalaciones y ser invisibles anfitriones: no más, no menos. Era obvio, pensaba el chico, y además inteligente. Si importantes miembros de grupos religiosos cristianos y judíos se citaban en una reunión secreta, lo mejor era pasar desapercibidos. Y que mejor que las humildes instalaciones de una academia formadora de pastores en el corazón de Providencia. Los gringos querían conocer Santiago. Aprovechar su último domingo en la ciudad para hacer compras y recorrer algunos sitios claves de la capital. Su madre los había invitado. Rubén, el ayudante de la cátedra de teología de su padre, les aconsejó empezar el tour almorzando y comprando en el Parque Arauco, “es como estar en Miami”, les dijo, “se van a sentir como en casa”.



00:30:54
CUANDO PAULINA llegó con el par de sandwichs y los jugos de frambuesa, su mejor amiga seguía revisando las bolsas con las compras. Todavía no la convencía el chaleco naranja, a pesar del notorio descuento por la liquidación fuera de temporada.
-Córtala con eso-, le dijo Paulina.
-Todavía no sé, parece que la cagué al comprarlo.
-Estaba barato.
-Y que importa si no voy a usarlo.
-Regálaselo a tu hermana, gansa.
-Y qué me ha regalado ella.
Ambas tenían 20 años, se conocían del colegio y estudiaban juntas en una universidad del barrio alto. El martes tenían el examen final del ramo más difícil del segundo año de la carrera.
-¿Has estudiado?-, le preguntó Paulina.
-Nada, además para qué. Tendría que sacarme un ocho para salvar el ramo, ya lo di por perdido. Prefiero estudiar para lo del viernes.
-Tan mal te fue en la última prueba
-La vieja culeada me puso un uno, puedes creerlo un uno…
-¿Le dijiste a tus viejos?
-Estás enferma, quiero irme a México con el Matías el verano. Está rico el jugo.
-Son súper buenos los de ese local, es de lo poco que no engorda que puedes comprar acá.
-¿Por qué comimos aquí?
-Tu lo propusiste.
-Como que la cagamos, debimos ir para la casa, la Erma nos habría preparado algo rico.
-¿Y al final qué vas a hacer con el chaleco?-, preguntó Paulina.
-No sé, de repente se lo regalo a mi hermana,



00:29:34
“DISCULPE”, DIJO el sujeto alto y de ojos azules, tocándole el hombro a alguien de la mesa continua-, puede cuidarme la mochila mientras…
-Sorry-, le respondió el otro con timidez, -i don´t speak spanish…
-Ok…-, se excusó él.
-¿Señor?-, interrumpió la mujer que estaba junto al señor que no hablaba español. –el caballero es extranjero, tal vez yo pueda ayudarle.
El hombre alto y de ojos azules miró a la señora, a la niña que estaba junto a ella y al par de tipos, con evidente cara de gringos que observaban la situación.
-No es nada-, le dijo, -si puede cuidarme la mochila mientras yo voy a buscar algo que comer.
-Claro-, le respondió la mujer. –No se preocupe, nosotros le echamos una mirada. Déjela ahí.


00:12:30
“¿QUÉ COMEMOS?”, le preguntó Alejandro.
-No sé cualquier cosa, hamburguesas con papás, lo típico-, respondió David..
-Si, ¿pero McDonald o Burger?
-Da lo mismo.
-No da lo mismo, las preparan distinto. Las papas del McDonald son mejores, pero en hamburguesas el Burger gana.
-Compra una y uno entonces.
-¿Cómo voy a comprar una y una. No se puede?
-No seai huevón. Compra un combo en el McDonald y otro en el Burger, a mi me da lo mismo. Te comes las papas de uno y la hamburguesa del otro. No hay drama.
-Entonces compra tu en el Burger y yo en el McDonald, para que sea rápido. Estoy cagado de hambre.
-Enseguida, es que estoy leyendo algo interesante-, dijo David, doblando el diario sobre una de las mesitas.
Alejandro y David eran compañeros de universidad. Estudiaban derecho en la Universidad Católica y todos los domingos jugaban fútbol en una liga de Vitacura. El ritual era sagrado. Fútbol, diario, hamburguesas en el Parque Arauco y dar una vuelta. Comprar algo en la Feria del Disco tal vez. En el auto, Alejandro insistió en que acababa de salir el último de REM. David estaba seguro de que apenas terminaran de comer lo iba a obligar a ir a ver si era cierto. El prefería acabar la tarde dominical en el cine, ojalá hubiese algo bueno. Nada para pensar mucho, sólo acción.
-Apura-, insistió Alejandro-. Me recago de hambre.
-Espera huevón, no seai cabrochico. Mira, escucha, puede interesarte, -y leyó del diario: -Encuentran restos del mayor dirigible alemán de la Segunda Guerra Mundial, el hallazgo se hizo en la Antártica , al sur de Nueva Zelanda.
-Sigue.
-El rompehielos nuclear ruso Ural, descubrió el jueves pasado los restos del Fallersleben sepultados en un glacial antártico en la tierra del Wilkes, en el mar de Ross, al sur de Nueva Zelanda. La expedición científica del navío de la ex Unión Soviética se encontró frente al inesperado hallazgo mientras instalaban medidores climáticos en la zona. Con 265 metros de largo, el LZ-133 Fallersleben fue el último y mayor de los dirigibles rígidos construidos por Alemania en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. El descubrimiento confirmaría la teoría de que la nave se perdió en una expedición antártica en 1943. Peritos e investigadores de las marinas inglesas y norteamericanas se encargaran de la recuperación de los restos-, terminó de leer. –¿Sabías algo de esto?
-Nada…
-¿Qué no te gustan estas huevadas?
-Si, pero no tenía idea. Igual los nazis tenían cualquier cantidad de máquinas voladoras extrañas y a Hitler le obsesionaba la Antártica. Pásame el diario.
-Toma. -Putah, no hay fotos.
-Solo la del buque ruso.



00:02:05
CARMEN DOMINABA cada parte del diálogo a la perfección. Jamás cambiaba una sola palabra. Llevaba haciéndolo cuatro años y aunque en un principio juró que el trabajo iba a ser temporal, terminó acostumbrándose y encontrando que no tenía nada de malo. Es verdad, el olor de la fritura era difícil de quitar, pero era un costo razonable. Además no se trataba de una labor especialmente agotadora y el sueldo, aunque bajo, le permitía vivir más o menos tranquila. Y si con eso no bastaba, la empresa le tenía cariño, tanto que había sido nombrada empleada del mes en cinco ocasiones, dos de ellas seguidas. Más que ninguno de sus compañeros. Lo único que Carmen odiaba era los turnos dominicales. El mall estaba repleto, abundaban los niños insoportables, la gente indecisa y todo terminaba tarde. Al menos, pensó, tenía el lunes completo para descasar y recuperar fuerzas.
-Buenas tardes, que desea-, le sonrió al cliente. Un tipo gordo y calvo con una horrorosa camiseta de equipo de fútbol europeo.
-¿Qué trae el combo dos?
-Hamburguesa doble con queso, papas y bebida-, respondió ella, preguntándose porque había gente que nunca veía las fotos de las promociones, ordenadas con cuidado sobre las cajas.
-¿Las papas y las bebidas son grandes?
-No, pero se pueden agrandar.
-Deme eso, combo 2 agrandado. ¿Tiene aritos de cebolla?
-Si, chico, mediano o grande.
-Mediano. ¿Cuánto es?
-Dos mil cuatrocientos noventa y nueve
-Tome.
Carmen se pagó y marcó el pedido en la caja.
-¿Puedo deberle el peso?
-Claro-, dijo el hombre y se corrió hacia el mesón a esperar su pedido.
-¿Qué va a querer?-, le preguntó Carmen a la señora que acababa de ubicarse tras la caja.




00:00:30
CRISTIAN GREENHILL regreso con la última bandeja del almuerzo. Su madre iba en la mitad de su ensalada, su hermana ya había terminado las papas y ahora quería un helado. Se fijó en que los pastores gringos apenas habían tocado sus pizzas. Quiso preguntarles si estaban malas, pero se arrepintió. Como decía su abuelo, a veces había que dejar las cosas paradas en el más sano de los equilibrios.
-Uff-, dijo mirando a la mesa continua, -tremenda mochila. A alguien se le quedó el ropero entero.
-No-, le respondió su madre-, es de un caballero que nos la encargó mientras iba a comprar su almuerzo. Pero como que se ha demorado-. Dio una rápida mirada a los locales. –Que raro no lo veo por ninguna parte.



00:00:11
“¿QUÉ FUE ESO?”, dijo Rodrigo Cádiz, el hijo mayor de Juan Pablo Cádiz mientras terminaba de comer su cuarto de libra con queso.
-¿Qué fue qué?-, le preguntó su padre limpiándole la boca al menor de sus hijos.
-Nada, escuché un pito.
-No debió ser nada-, respondió Juan Pablo, pensando en la conversación que debían tener todos después del almuerzo.


00:00:01
HACIA RATO QUE CARRASCO, uno de los guardias de seguridad del mall, se había percatado de la mochila abandonada. En un principio pensó que era de alguien de una mesa cercana, pero ahora estaba seguro que la habían dejado. Era el octavo objeto perdido en lo que iba del día, también el más grande. Fue hasta la mesa y preguntó a los cercanos si era de alguno de ellos, todos negaron.
-Un caballero la dejó mientras iba a comprar almuerzo-, le dijo un muchacho sentado al lado.
-Pero parece que se olvidó de volver a buscarla-, completó la señora junto a él.
Carrasco agradeció la información con una sonrisa.
-Si aparece díganle que la tengo yo, aquí se la pueden robar. Voy a estar allí-, indicó una de las esquinas del lugar, cerca de un local de comida vegetariana.
-Claro.
Pero Carrasco no alcanzó a levantarla…

5 Comments:

  • At 2:40 p. m., Anonymous Anónimo said…

    me gusta mucho mas así a cómo salio en el libro. Cree que en esta version habia más vida y suspenso. s verdad que era más larga. Pero eso me paso con ENK, se me hizo corto. No la historia, sino lo que iba entre medio. Ahora, al leer tu blog cacho que cortaste ene, como 200 páginas Una lástima, me hubiese gustado leerr una version con todo. Me gusto ENK, pero me hubiese gustado más con todo lo exagerado y extra que suele condimentarse el best seller

     
  • At 3:48 p. m., Anonymous Alexander said…

    igual hubiese sido cool alargar más la parte del atentado en el mall, fue sin duda uno de los ganchos que me llevó a comprar el libro... genial la idea, pero darle más suspenso hubiera sido mejor... entre nos, igual ando medio espirituado estas últimas veces q he ido al patio de comidas del plaza oeste... siiii, me marcó este libro, espero ser el único al q le haya pasado... podría demandar si me proboca una fobía a los patios de comida ?
    ehmmm... lo pensaré. XD
    Sldos, el book la raja !

     
  • At 2:08 p. m., Blogger Vincent Vega Jr. said…

    Concuerdo con eso de que el libro se hace corto. Considero que en el capìtulo del atentado habrìa sido bueno no aplicar tanta ediciòn y agregar un poco màs de suspenso.

    Saludos

    V.Vega Jr.

     
  • At 2:07 a. m., Anonymous william zapata montoya said…

    hermano, usted es un monstruo!! me pregunto si puedo conseguir un ejemplar en algún lado de ny.

     
  • At 10:13 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Personalmente, me gustó el libro hasta los 2 ó 3 últimos capítulos. Opino que le faltó mucho peso al final y quedaron muchas cosas abiertas, muchas conjeturas durante el libro, pero nada concreto al final.

    Respecto a este capítulo en particular, fue una excelente idea sacarlo, ya que la historia tiene demasiados personajes, mucho nombre que perfectamente se pudieron haber resumido en tres o cuatro personajes.

    Cuando un libro está dirigido a conjeturar y hacer pensar al lector, bastan 50 páginas. Ahora, si quieren un best seller fácil y liviano, pueden escribir 500 páginas, con 40 personajes, y no por eso será bueno. Un ejemplo, "El péndulo de Foucault" (Eco), con 4 ó 5 personajes, se armó una historia interesante, con conclusiones sólidas.

    Pero insisto, depende del punto de vista y enfoque del lector.

    Sumando y restando, me entretuvo, pero he leído mejores. Esperaba más.

    Rodthrax.

     

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